CARNESTOLTES
1/02/2018

ORIGEN

El origen de la fiesta se remonta a comienzos del siglo XIX. El cólera asoló la población con sus estragos y, no satisfecho el vecindario con las rogativas de rúbrica, acordó celebrar terminada la peste la Fiesta de San Ramón el domingo que precede a la cuaresma, y baile o danza en los siete días siguientes. El documento más antiguo del archivo parroquial que habla de la Fiesta de San Ramón data del año 1829. La solemnidad con que se inició la hizo ocupar, en adelante, lugar preferente en el cartel carnavalesco, y para perpetuar dicha fiesta se pensó en la manera de sufragar los gastos en lo sucesivo. Se acordó por el Ayuntamiento consignar en el Presupuesto 20 pesetas para la fiesta religiosa y 5 pesetas para la profana, completando el resto los Quintos. Éstos contrataban el tamboril y la dulzaina e invitaban a las bailadoras. El tamboril y dulzaina hacían su entrada en la festividad de San Ramón y en los días siguientes recorrían la villa con pasodobles al amanecer, al mediodía y al toque de oración. Del miércoles en adelante, además de las mascaradas, tenía lugar hasta el mediodía la “enfarinà”, embadurnando con puñados de harina el rostro del los participantes. También resulta curioso el “eixabegó”, consistía en impedir que trabajaran los solteros en estos días, para lo cual recorrían los mozos los campos recogiendo en una jábega al soltero que se encontrara trabajando y obligándoles a que sufragara los gastos de una paella, cuando menos el de unas copas. Pero lo que por sí solo constituía la fiesta era la “dansà”. Se celebraba al aire libre en la Plaza Constitución, alrededor de la fuente. Era todo un acontecimiento por su alta participación, 35 o 40 parejas, y la belleza de los trajes y complementos de las mujeres, quienes lucían su clásica peineta y el mantón de Manila.(Mariano Jornet Perales. Bèlgida y su Término Municipal, 1932)

EVOLUCIÓN

Con el paso del tiempo la fiesta evolucionaria. A principios del siglo XX, en la década de 1920-1930 “l’enfarinà” se celebraba lunes, martes y miércoles. Las jóvenes se escondían y los jóvenes las buscaban para embadurnarlas con harina. Corrían por las calles o se escondían por las casas. Se realizaba desde el alba hasta el toque del Ave María (13 horas). Continuaba realizándose la caza con el “eixabegó” y tres días de danzas, después de cenar, a la Plaza Constitución. El jueves la “dansa” de los casados, viernes disfraces y “dansà” general, y sábado la de los solteros. Las bailadoras buscaban su bailador, y si no lo encontraban se lo proporcionaban los Quintos. Todas las mujeres lucían el mantón de Manila del día de la pedida: el de formalizar el matrimonio en casa de la novia. Domingo, finalmente, tenía lugar la estrena para pagar a los músicos. Los Quintos cogían un pañuelo grande y recogían el dinero, y según fuera de grande o pequeña la estrena depositada, tocaba más o menos la chirimita en honor al donante. En la década de los setenta, los Carnavales perdieron un poco de esplendor por la pérdida de población que había experimentado el municipio, pero la fiestas se ha celebrado siempre y se ha perpetuado como una de las más concurridas de la Vall d’Albaida. La descripción impresionista que hace de la fiesta la escritora Mª Angeles Arazo, quien visita la localidad en el año 1979 es la siguiente: “Hay niños vestidos de Supermán, chicas con trajes de flecos, que fuman cigarrillos en boquilla, como aquellas que impusieron el charlestón; hay moros, payasos, aldeanas, un Don Juan Tenorio, bailarinas de ballet y auténticos mamarrachos que se ríen de los que imitan a Travolta. Todos acuden a la Plaza de la Constitución, con su dosel de banderitas, partiendo como rayos de la fuente central. Hay llegado Francisco Llorens “el Rull”, con la dolçaina; y Juan “Cornetes”, con el tabalet. Comienzan a tocar y la mascarada baila una danza de pocos pasos que repitan informalmente, divirtiéndose con la pantomima que algunos representan. No vuelan los niños Supermán, ni las jóvenes del charlestón encuentran su galán de cabello engomado, pero cada uno es felix con su sueño desvelado, mostrando con su disfraz lo que anhela. Quizá no lo sepan y es posible que ese Don Juan barbilampiño nunca seduzca a una mujer como quisiera. No importa. El pueblo vive su Carnaval en honor a San Ramón, la imagen que los padres llevan en anda, porque sus hijos pequeños nacieron sanos y fuertes. La fiesta la sufragan los “quintos” (reclutas de reemplazo) con la ayuda de los vecinos. Juano, Peiró, el Bellusero, el Moreno, el Galán, el Peña, el Flauta y Facundet (cuatro trabajan en Albaida y cuatro son estudiantes), han vendido la lotería a lo largo del año y han organizado un baile con un conjunto “pop”, donde acuden las máscaras cambiando la dolçaina y el tabalet por el rock y el twist que las películas americanas han vuelto a resucitar . (…) A mediodía presenciamos la enfariná. Los hombres jóvenes, los muchachos principalmente, en los bolsillos llevan saquitos con harina, que cogen a puñados para embadurnar la cara de las chicas. Ahora ellas contestan cruzándoles el rostro con el carmín de los labios; y en el lúdico batallar se descubre el deseo de aproximación de cuerpos y de caricias contenidas. Antiguamente, las mozas se escondían en sus casas y los chicos las buscaban como tesoro oculto; hasta se les permitía saltar por los corrales, escalar los balcones o descender por las chimeneas. Era un permiso velado para tocar a la mujer en las mejillas, los hombros y brazos durante esa defensa fingida que ambos tenían que agradecer -¿quién lo dijera!- a San ramón Nonato. Hasta hacer algunos años, junto con la enfarinà subsistía el eixabegó, consistente en ir a buscar al soltero que trabaja en el campo para atraparlo con una red y obligarle a pagar unas copas o una paella. Los Quintos – algunos se dejaron la barba de contestarario- cpm “el Rull “ y el “Cornetes” -que no cesan de tocar la dolçaina y el tabalet-, van a buscar a las bailadoras, que si en otro tiempo lucían su traje típico y mantón de Manila, han adoptado el de valenciana: ricos brocados, delantal y manteleta con lentejuelas de oro, y aderezo de perlas y esmeraldas. A las cuatro en punto la plaza reboza de gente. Los músicos y los quintos se colocan en torno a la taza de la fuente y las bailadoras esperan que el “traedor” (elegido por los mozos días antes) saque al “cap” de danza, con una palabra tan sólo, imperativa y animosa. “Anem”, para seguir ellas uniéndose a la cadena de parejas que danzarán incansablemente hasta el anochecer. Lenta, palaciega, con algo de minué, es la danza de Bèlgida. Las parejas nunca se dan la espalda; forman anillos concéntricos alrededor de la fuente y se cruzan con frecuencia, como impone su coreografía sencilla y elegante.”

ACTUALIDAD

La fecha de celebración de los Carnavales cada año varía. Se celebra el fin de semana anterior al Miércoles de Ceniza, que suele coincidir con algún fin de semana del mes de febrero. Una de las Festividades Locales que el Ayuntamiento aprueba es el Viernes de Carnaval, este año el 24 de febrero. En la actualidad la organización de las fiestas corre a cargo de los Quintos, jóvenes que cumplen los 18 años, y del Ayuntamiento que sufraga parte de los gastos de organización. La vecinos de la localidad participan en su gran mayoría en los actos programados, tanto jóvenes, como adultos, niños y personas mayores. Destacar igualmente el aumento de la participación en la “dansà” en los últimos años. El número de visitantes de municipios de alrededores ha aumentado notablemente. Resulta muy atractivo y pintoresco el colorido y variedad de los disfraces de la “Enfarinà” que contrastan, de manera notable, con las calles emblanquecidas por la cantidad de harina que los asistentes derraman. También desde el Ayuntamiento se organiza con una Asociación Fotográfica la visita de fotógrafos que plasman y dejan constancia para la historia del atractivo e interés de la ésta fiesta. Posteriormente se realiza una exposición fotográfica con las mejores fotografías del evento, que resulta de gran interés para los asistentes y vecinos de la localidad. Los actos que se realizan en la actualidad son los siguientes: - Domingo anterior semana carnaval: Se celebra la Procesión en honor a San Ramón Nonato y cuando finaliza “dansà” a la Plaza. - Miércoles: Los alumnos de la Escuela realizan la “enfarinà” - Jueves: Los niños /niñas del Colegio, Escuela Infantil y otros realizan un pasacalle por las calles del pueblo, acompañados de tabalet i dolçaina. Finalizan el trayecto con la tradicional “dansà” en la Plaza Constitución, alrededor de la fuente. Cuando terminan con una merienda con “xocolate i mona” - Viernes: Por la tarde se celebra la tradicional “dansà” con los trajes regionales, desde las 17.00 h. hasta las 19.00 h. A las 21:00 horas la tradicional “dansà” de disfraces, acompañada de tabalet i dolçaina. Se entregan premios a los mejores disfraces. Cuando finaliza ésta se realiza una cena en una carpa en la que todos van disfrazados y finaliza con alguna actuación musical. - Sábado: Al medio día se realiza una comida de paella multitudinaria donde todos van disfrazados y a continuación la tradicional “enfarinà”, acto que cada año congrega a más gente del pueblo y de los alrededores. Disfrazados y acompañados de bandas de música realizan el pasacalle y la “enfarinà”, por todas las calles del pueblo, finalizando el trayecto en la Plaza Constitución. A continuación marchan al Parque Ausias March donde hay alguna actuación musical. - Domingo: Por la tarde se celebra la tradicional “dansà” con trajes regionales, desde las 17.00 h. hasta las 19.00 h. Este día la “dansà” suele ser tener más participantes, finalizando con ello las fiestas.

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